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Algo me decía que estaba en New York

Algo me decía que estaba en New York. Viajera, acababa de cambiar de paisaje: lo que más me gusta. Caminé, caminé, y veía a caballos elegantes que tiraban de carrozas de paseo y que compartían su vida cotidiana con las palomas, como grandes compañeros. Seguí mi paseo y de pronto estaba rodeada de rascacielos impactantes. Una gran cantidad de enormes carteles luminosos me daban la bienvenida. Qué hermoso paisaje…

Continuando el camino me encontré con una pista de patinaje en el centro de la ciudad. Se escuchaban los gritos y las risas de los niños, de muchos jóvenes y otros, no tanto. Los veía deslizarse a gran velocidad y lo hacían bastante bien. Sólo algunos, de vez en cuando, resbalaban riendo. Yo sólo los observaba divertirse, y me divertía. Pero no me animé a imitarlos.

 

Después, tomé el metro en la estación más cercana. Llegué a un distrito donde una pequeña y antigua capilla se elevaba rodeada de modernos rascacielos. Había grúas en el lugar y en los alrededores muchos edificios estaban todavía en construcción. La silueta se recortaba y llegaba hasta el cielo nublado. Muchos llaman a este espacio «Ground Zero» Algo me decía que estaba en New York.

 

 

En el camino que seguí fui descubriendo esculturas y piezas de street art al aire libre, al lado de los edificios, sobre las veredas, como si nada. Formaban parte del paisaje.

Después, llegué a un barrio sombrío. Tenía también esos altos edificios respetables. Estaban los de bancos, los de famosas compañías cuyo nombre todos conocemos bastante bien. Sin embargo, la mayor parte de los visitantes querían tener su foto a los pies de una escalinata. En lo alto de los escalones hay una estatua muy particular, la de un tal George Washington.
Ahora estaba convencida que estaba en una ciudad especial, distinta a todas las demás. Hacía mucho frío. A veces, llovía. Decían que ese día o el siguiente, iba a nevar. A la vuelta de cada esquina descubría parques y plazas. Los árboles estaban desnudos. Pero el ambiente era tan encantador.
Estaba en New York, un poco cansada de andar. Había llegado el día anterior, por eso me iría a descansar un rato. Iba hacia mi barrio, el Harlem, habitado por esas casas pintorescas de ladrillos rojos y dos plantas. Además, en este lugar se escucha jazz por todas partes. Ese sería mi lugar por algunas semanas.

Algo me decía que estaba en Nueva York.

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