Adiós… mi viejo

Adiós… mi viejo

 

Sepultura de don Raúl Ricardo Alfonsín, Cementerio de La Recoleta
Una palabra, solamente, para rendirle homenaje al “Padre de la Democracia Argentina”Ayer ha muerto el querido Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, un gran hombre que dejó una huella imborrable.
Simple, íntegro, carismático, humilde, fuerte, reflexivo, respetado por propios y por adversarios. Un estadista.
Don Raúl perteneció a una clase política extraña, casi en extinción: era un hombre honesto. Quiso hasta sus últimos momentos lograr la unión entre los argentinos.
La época en la que alcanzó la más alta magistratura, fue como si amaneciera luego de una noche larga y profunda.
Éramos jóvenes y teníamos la primera oportunidad de llegar a las urnas para elegir autoridades después de una dictadura cruel. Pensábamos que, una vez más, todo era posible. Representaba nuestro sueño, nuestra utopía.
Lamentablemente, lo que vino después nos demostró que las ilusiones son sólo eso: quimeras. Y los que lo sucedieron, no llegaron siquiera a aproximarse a su estatura moral y política.
El abanderado de los derechos humanos, del diálogo y del respeto a las instituciones de la República se ha ido para siempre.
No lo escucharemos más recitar el Preámbulo de la Constitución Nacional como una declaración permanente de principios.
Adiós mi viejo, lleva contigo nuestra inocencia, nuestra juventud y nuestra confianza perdida en la palabra.

 

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. TheFabFour

    El Dr Alfonsín no fue solo el primer presidente de la moderna democracia argentina, sino el único ex presidente que podía caminar por la calle sin que nadie lo insulte o moleste. Gozó de un reconocimiento general, más allá del específico nivel de selección que se haga sobre los positivos y negativos de su obra de gobierno.
    En este momento, a horas de su muerte, todo el espectro político le rinde su homenaje. Sin embargo, es digno recordar situaciones recientes que particularmente me indignaron y que fueron auténticas y reales faltas de respeto en relación a situaciones dramáticas que vivió el país (me refiero concretamente al levantamiento de Semana Santa), que él debió afrontar, que resolvió, bien o mal, como mejor le dictó su conciencia y las posibilidades del momento, en base al diálogo y considerando los riesgos que el país corría. A él no le importó su situación personal, el qué dirán de la historia. Sí le importó la gobernabilidad, la institucionalidad, la democracia.
    Esa falta de respeto la tuvo la Sra Presidenta Cristina Kirchner. Hace menos de un año, cuando la Argentina estaba cruzada por el intríngulis irresuelto de la pelea con el campo, Alfonsín -que fue extraordinariamente prudente y moderado respecto de las críticas que tenía para hacerle al Gobierno justicialista- le envió una carta a la presidente en la que le decía: «El motivo de la presente carta es mi firme voluntad de contribuir a afianzar la paz social en un tiempo en el que el conflicto con el campo ha trascendido la especificidad sectorial y ha venido a actuar como disparador de una disconformidad social que paraliza el mercado y conspira contra el desarrollo». Este párrafo de su carta lo selecciono particularmente porque grafica, sin dudas, la actitud respetuosa y prudente de un hombre que permanentemente honró las instituciones representativas.
    Y le dice más adelante: «Usted ha de entender –señora Presidenta- que resulta incompatible con la democracia la ausencia de diálogo político en los momentos que vivimos».
    Muy bien. ¿Qué respondió la presidente? Ella, hablando mal de la soja y del campo, respondió: «He pensado mucho, reflexionado mucho, en estos días acerca de algunos reclamos, un gesto de estadista… ¿Qué sería un gesto de estadista?», se preguntaba la Presidenta. Y se respondió a sí misma: «Sería tal vez decirles a los sectores que más rentabilidad han tenido en los últimos tiempos: ‘Está bien, como durante 90 días cortaron caminos, hicieron lock out patronal, no permitieron que otros argentinos trabajen, encarecieron productos, está bien, hay mucho lío, quédense con todo y vamos a ver qué hacemos con el resto de los argentinos’. Y lo pensé y digo, podría decirles entonces, después, a todos los argentinos que el gobierno y el campo están en orden».
    Esto es lo que pensaba y lo que seguramente sigue pensando, más allá del maquillaje -que por cierto es bastante importante- la presidenta de la Nación. Porque la frase iba claramente dirigida a responderle mal, irrespetuosamente, con altanería y desubicación, al doctor Alfonsín. Porque la idea de que el Gobierno y el campo “están en orden” era un intento de parangonar el pedido de diálogo de Alfonsín, con las palabras que tuvo que decir cuando él sí tuvo delante suyo un intento verdadero y peligrosísimo de golpe de Estado. No una pelea por plata entre un sector de la economía y un gobierno ávido de recursos para alimentar su caja política. Aquello sí fue un intento destituyente.
    Por eso, en este momento donde la muerte y la tristeza parecen borrar de un plumazo las actitudes mezquinas de los políticos y en particular de la Presidente, necesito recordar esta situación, que en realidad NO es UNA situación, es LA descripción cabal de las diferencias entre un estadista y una simple ciudadana a quien el cargo le queda no grande, sino inmenso.

  2. Anónimo

    Pobre Alfonsín, debe haber sido un buen presidente no llegué a conocerlo. Te quiero Mami, besos! Muy lindo lo que escribiste=D
    Naty

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