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Un alto en la bonita Bratislava

Coche antiguo en Bratislava

Un día descubrí un lugar fuera de lo común. Se trata de Bratislava en Eslovaquia. Estuve sólo un día, porque iba camino a Praga. Pero en esas pocas horas me encontré con una ciudad bella, agradable y prolija en todos sus detalles. El barrio histórico de la ciudad capital, me mostró todo lo que está bien. Un lugar de enorme belleza, cuyas calles ordenadas y limpias eran transitadas con total tranquilidad. Aún las reuniones de público en los mercados callejeros eran apacibles. Nada desentonaba, ni los colores ni las formas. La ciudad parecía salida de un libro de cuentos. Era de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo. Los hábitos de los transeúntes denunciaban que estábamos en el siglo XXI. Pero si pasaba un carruaje tirado por un par de caballos no habría roto el equilibrio del paisaje.

Estatua de Cumil en Bratislava

Plaza y estatua de Hviezdoslav, Bratislava

Bratislava en Eslovaquia, me pareció una ciudad de hermosa arquitectura, muy bien mantenida, majestuosa en algunos monumentos, y que conserva las huellas del esplendor de la época del imperio. En sus calles se destacan los detalles en las fachadas de los edificios y la tranquilidad de sus paseos. Todo esto me sorprendió gratamente. A menudo, a la hora de viajar se aceleran los tiempos. Las excursiones nos empujan a un ritmo que parece ser el adecuado para apretar la agenda programada. Sin embargo, a veces aparecen estos destinos donde vale la pena detenerse para disfrutar. Simplemente eso. 

Estatua de un paparazzi en Bratislava

Mercado callejero en Bratislava en Eslovaquia

Ese día se impuso la cadencia mía y de un grupo de compañeros de viaje. Nos dispusimos a recorrer esas calles angostas, descubriendo un sinnúmero de lugares escondidos. Pude hacer lo que más me gusta: caminar sin rumbo, casi sin mirar el reloj para sumergirme en un tiempo pasado. Se había pactado el lugar de encuentro para un par de horas después. Entonces, el paseo se facilitó muchísimo. Tuve la experiencia la de caminar sin perder detalle por Bratislava en Eslovaquia. Pasé por la antigua calle Gorkého rumbo a la Plaza Hviezdoslav, un punto hermoso, en el corazón de la ciudad, rodeado de edificios cuidados. La plaza, cubierta por un manto de hojas doradas, debe su nombre a Paul Orszagh Hviezdoslav el gran poeta y escritor eslovaco.

Calles de Bratislava en Eslovaquia

Calles de Bratislava en Eslovaquia

Ni siquiera el día frío y nublado en el que estuve logró empañar el atractivo del lugar. Caminaba mirando hacia arriba y alrededor, para no perderme de nada, en una mezcla de admiración y encanto. Llegué a orillas del Danubio. La ciudad es pequeña, abarcable, sobre todo en su casco histórico. Allí encuentras una colección de estatuas simpáticas y además insólitas. Nunca había visto algo igual. Algunas representan a personajes históricos. La mayoría parecen escondidas a la vista de los visitantes poco atentos. Son sorprendentes. Vi un soldado que se parecía a Napoleón Bonaparte, con su sombrero tan peculiar. También la estatua de Lewis Carroll, con un enanito sobre su hombro. Después la representación de un paparazzi, justo a la vuelta de una esquina, su cámara lista. Y el que dicen más entrañable es Cumil, el limpia las alcantarillas y a quien hay que prestarle mucha atención para no pisarlo. Si hubiese pasado volando por Bratislava, no habría conocido a todos estos personajes.

Bratislava en Eslovaquia, un verdadero hallazgo.

Dónde se encuentra: