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Calor extremo en Rosario

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Calor extremo en Rosario. Río Paraná, enero 2022

Estamos pasando días de calor extremo, tanto en Rosario, como en buena parte de la Argentina. Este verano del 2022, otro año que se avizora difícil, como los dos anteriores, nos tiene a mal traer. El río Paraná padece una de las bajantes más tremendas que se recuerde. Tanto, que existen tramos en los que una persona puede cruzar caminando sobre el lecho del río que supo ser caudaloso y bravo.

¿Ciencia ficción? No, en absoluto. Es ciencia realidad. El cambio climático, una sequía que avanza y el pico de la tercera ola de la pandemia de Covid-19, nos están azotando como si esto fuera una nueva batalla de una guerra sin cuartel. Pero los argentinos y, en lo que a mí respecta, los rosarinos, seguimos adelante, haciendo frente a una nueva adversidad. Tenemos el cuero duro y la esperanza a media asta.

Calor extremo en Rosario. Río Paraná, enero 2022

Estoy en mi querida ciudad, la ciudad donde nací, y de donde, juro, no me iría por nada. La que supo ser una pequeña urbe que vivió durante años de espaldas al río. Y a la sombra de la ciudad autónoma, capital del país. No la cambiaría por ninguna otra. Ni siquiera por esa luminosa Buenos Aires, la ciudad de la furia en donde nació mi madre. ¿Por qué querría vivir yo en otro lado que no fuera la segunda ciudad de la república? Dicho esto sin que me escuchen los cordobeses. No pretendo entrar en disputas desagradables.

Calor extremo en Rosario. Río Paraná, enero 2022

Mi padre, un hombre nacido a principios del siglo XX, maestro y médico de profesión, solía recordar que Rosario era casi como la “Chicago Argentina”. ¿Se trataba de un elogio o de una pesada carga? La etiqueta, hoy más que nunca, tiene plena vigencia. Pero, al fin y al cabo, poco importa ya. Ni aun cuando mis padres se fueron para siempre consideré por un segundo partir hacia otro lado.

Calor extremo en Rosario. Río Paraná, enero 2022

Mi querida Rosario. Pero dueña de este clima “que nos tiene a mal traer…”, como decía mamá. Ella no debe haber imaginado un mes de enero con una sensación térmica constante de 41° a la sombra. Las veredas que derriten la suela del calzado. Los adoquines que devoran las gotas de sudor que caen de la frente de los transeúntes. El sol impiadoso que castiga las hojas, las flores y el césped de cuanto rincón verde se atreve a asomar. Son estos veranos cada vez más largos e intolerables. Veranos que te hacen preguntarte si alguna vez existió el invierno. Veranos sin lluvia. Veranos saturados. Cargados de esta humedad que aplasta, como si fuera una presencia física. Hay quien dice por ahí que Santa Fe capital es peor. Todo un desafío competir por el podio por el lugar más incómodo del planeta en este mes de enero del 2022. Ambas ciudades pueden compartir el trofeo.

Calor extremo en Rosario. Río Paraná, enero 2022

Bendita Rosario. Por acá tenemos días en los que cuesta tomar una bocanada de aire. Los sufridos habitantes salimos temprano a hacer nuestros quehaceres. Tratamos de acumular los trámites, actividades y todo cuanto haya que hacer antes de que llegue el tan temido mediodía. Temido como un castigo, el de ese sol que asusta y parece querer partir la tierra. Caminamos despacio, manejamos con prudencia. Ensayamos trucos para no cansarnos y no alterarnos antes de la hora pico. Hacemos todo lo que esté a nuestro alcance para huir del mediodía. Queremos dejar todo atrás para zambullirnos en ambientes acondicionados de manera artificial. Esos que también amenazan con enfermarnos un poco. Y nosotros atentos, para no confundir «los síntomas». Pero volviendo al calor, no hay alternativas a la vista. No corre siquiera una suave brisa.

Calor extremo en Rosario. Río Paraná, enero 2022

El gobierno central perdió la brújula. No levanta cabeza. No puede luchar contra el clima con las tarifas pisadas. No tiene modo de evitar los cortes de energía eléctrica que detienen las heladeras, los ventiladores, los ascensores y los aires acondicionados. Es claro, no puede regir el clima y los biorritmos corriéndonos el huso horario. Se suceden mañanas en las que estamos, además, con falta de horas de sueño. La costumbre de la siesta se convierte en un alivio y una necesidad para muchos. Siempre y cuando se encuentre un rincón medianamente fresco donde recostarse.

Calor extremo en Rosario

El tremendo verano rosarino vino con novedades: calor extremo, contagios, seca, bolsillos vacíos a mitad de mes, un malhumor generalizado. Entre estas calamidades, el río baja y aparecen focos de incendios en las islas de enfrente. La Estación Fluvial está cerrada. Las embarcaciones elegantes encallan en La Florida. Algún que otro surubí asoma sediento. El famoso Monumento a la Bandera parece un espejismo. Los árboles más viejos del Parque de la Independencia exhiben un paisaje de otoño. Los campesinos desesperan. Falta que el señor Obispo ruegue al Santísimo por unas pocas gotas de agua.

No se esperan cambios. Menos en el termómetro que marca el calor extremo que aprieta a Rosario. Puedo padecerla a diario y, sin embargo, no la cambio por nada.

Dónde encontrar esta ciudad?