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Caminando por Venecia

Venecia, Italia

El Gran Canal, el Canalazzo, Venecia, Italia

Si algún día escribiera mis memorias diría que tengo dos hijas, que nací en Rosario y que anduve muchas veces caminando por Venecia. Con la italianidad latiendo dentro de mis venas, la ciudad serena agregaría algo de plusvalía a mi biografía. La definición de magia bien ha de poder hallarse por sus calles estrechas e intrincadas. Cuando llegas a la estación de trenes, alguien te entrega un mapa. Sin embargo puedes aligerar la carga de tu equipaje descartando esas hojas inútiles. En Venecia merece la pena perderse para después hallarse. Es una gran caja de sorpresas que asoman al doblar la esquina. No en vano los carnavales más famosos del mundo se celebran dentro de esa geografía que desafía la imaginación.

Ponte del Rialto, Canalazzo, Venecia, Italia

Ponte della Costituzione, Canalazzo, Venecia, Italia

Por qué razón elegiría un puente y no otro como uno de los más bonitos del planeta? Tal vez porque no lo hay. Quien soy yo para decidir que el más hermoso es el misterioso puente del Rialto por sobre el que pergeñó el genio de Calatrava. O darle mi voto al ponte que celebra la Costituzione y no al que supo ser el mudo testigo de los suspiros de los condenados a muerte. Nada más alejado a mi intención. No soy aficionada a las osadías. Sí, a detenerme justo en el medio de la estructura y asomarme sobre el canalazzo. Las barcazas navegan morosas y las dulces voces de los gondoliere producen un efecto asombroso en los transeúntes. Entre ellos, me incluyo.

Venecia, rumbo a las islas

Luna llena sobre Venecia

En mi autobiografía pienso describir todo aquello que descubrí caminando por Venecia. Cada vez que me dejé llevar por mi instinto viajero, llegué más allá de los lugares emblemáticos. Sin desestimar el irresistible encanto de la basílica de San Marco, la joya del sestiere homónimo, su plaza y el gran palacio de los Duques, amé visitar de mañana la Pescheria del Rialto. La oferta del pescado fresco es una tradición de la gastronomía veneciana. Crucé a la Isola della Giudecca para tener una mejor perspectiva de la ciudad, de pie en el extremo de la Dogana del Mare. Celebré el atardecer en alguna de las terrazas de la Fondamenta delle Zattere y vi caer el sol a través de mi copa de spritz. Intercambié comentarios risueños con otros viajeros mientras arrastrábamos nuestro equipaje por los senderos desparejos. Trepé al vaporetto que me llevó a mar abierto rumbo a las islas. Y vi la luna llena más brillante y más grande que recuerde, acodada en el borde del Ponte degli Scalzi.

Calles de Venecia alrededor del Rialto

En mis relatos incluiré todo lo que aprendí en Venecia. Me enseñó a apreciar la historia de la extraordinaria ciudad, los detalles de la arquitectura señorial y los colores que cambian con las horas del día. Ejercité la paciencia cuando no ubicaba el camino de vuelta al albergue. Comprobé que una sonrisa amable es la llave que abre todas las puertas cuando se necesita ayuda. Vi ampliarse mi curiosidad por algunas de las tradiciones de mis antepasados. Encontré que no había perdido mi talento para hablar italiano como si fuese mi lengua materna.

Cristales venecianos en Murano

Con alegría, anduve esas antiguas calles empedradas. Tropecé con plazoletas escondidas en las que los vecinos se instalaban en sillas o bancos, al sol. Me inmovilizó el aroma exquisito que salía delle trattorie la mayor parte del día. Tomé nota de los museos que debía visitar mientras prefería vagar por allí, mezclándome entre la multitud. Inspeccioné las máscaras, las puntillas y los cristales que lucían las vitrinas. Disfruté de más de un ristretto en la terraza del Florian, hoy bastante golpeado por la pandemia, en tanto miraba la gente pasar. Atravesé la gran plaza a la carrera mientras espantaba a las palomas adrede. Calculé la posición del sol, la luna y las constelaciones delante del reloj de San Marco. Me medí unos largos guantes de seda en un local vecino a La Fenice.

Gondole, gondoliere y vaporetti en Venezia

La búsqueda de la felicidad es un tema que nos interpela a todos. Es probable que se reduzca a momentos, sobre todo del tiempo presente. Instantes de plenitud y tranquilidad se asemejan ese bienestar preciado. Confieso que los encuentro cuando estoy al aire libre, en alguno de los parques de mi ciudad. Pero además, la encontré un poco más lejos, cuando, en otro presente, caminaba por Venecia.

Venecia, Italia

Por si alguien no conoce en donde se encuentra …