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Mis historias como huésped: Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos

Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos

Cuando pienso en mis historias como huésped, recuerdo la navegación en el crucero Vía Australis al Cabo de Hornos. Se transformó en una de las mejores aventuras vividas en la Patagonia Argentina. Es una de las experiencias que todos deberíamos vivir al menos una vez en la vida. El punto de partida era Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Iba a alojarme por tres días a bordo del crucero número 256 de la compañía para descubrir paisajes extraordinarios de la Tierra del Fuego hasta culminar el viaje con el desembarco en el mítico Cabo de Hornos.

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina

A la tarde de un día viernes de noviembre, embarcamos cuando nevaba. El crucero Australis era encantador. Resultaba el hogar perfecto para pasar ese largo fin de semana: cálido y confortable. Nunca había viajado en un crucero. En primer lugar, sufro de mareos. Además, no me gustan las aglomeraciones en ningún lugar, menos en alta mar. Pero este barco elegante tenía capacidad para no más de 80 pasajeros. El capitán chileno Adolfo Navarro, los oficiales y la tripulación nos recibieron con entusiasmo. Nos invitaron a compartir el tradicional cocktail de bienvenida con los otros viajeros en el gran salón panorámico, situado en el cuarto puente. Percibí de inmediato una atmósfera de camaradería entre todos los aventureros.

Nuestro camarote era muy cómodo. Se parecía mucho a una pequeña habitación de un hotel boutique. La ventana en la cabecera de la cama no era un simple ojo de buey. Devolvía una vista impresionante sobre el mar y los picos nevados. El baño era pequeño pero contaba con todas las comodidades y amenities. Dentro del placard descubrí los chalecos salvavidas que usaríamos en cada desembarco. Un anticipo de la «hazaña» que iba a vivir.

Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina

El Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos zarpaba en el momento de la cena de bienvenida a bordo. El comienzo de la travesía excepcional se celebraría como un evento así se merece. Al caer la tarde, el panorama del Puerto Navarino, el puerto de Ushuaia en la Tierra del Fuego, iluminado, era maravilloso. Mientras cenábamos,  todos a bordo reconocimos la ansiedad por conocer a la tripulación. Ellos nos acompañaría en las expediciones en los glaciares y en el famoso Cabo de Hornos. Éramos aproximadamente 75 viajeros que veníamos desde los cuatro puntos cardinales. Pero era preciso tener paciencia.

El elegante comedor estaba ubicado en el primer puente. Allí tuve la oportunidad de conocer a gente genial. En nuestra mesa estaba una pareja joven, una alemana y un español, grandes aventureros por los viajes que nos describieron. También una pareja de argentinos también. Todos tan contentos como nosotros. Al terminar la cena, los oficiales nos fueron dando las primeras consignas de seguridad y nos explicaron cómo se desarrollaría la vida a bordo del crucero. Los desayunos al alba. La llamada a prepararse el día del desembarco en el cabo, previa verificación de la meteorología por los buzos. Las reuniones cada noche para los detalles de las excursiones del día siguiente. Nos pidieron verificar si los chalecos salvavidas asignados en los camarotes eran de la talla correcta. Era fundamental usarlos correctamente a la hora de desembarcar en los glaciares, las islas y el cabo.

Avenida de Los Glaciares, Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos

Cada noche dormí muy cómoda. Era necesario descansar después de cada jornada llena de actividades. Tanto la cena como el desayuno me sentaban perfectamente. Estaba venciendo mi temor al malestar que me había acompañado toda la vida. Había cumplido con algunas simples indicaciones médicas. Estaba comprobando que podía perfectamente realizar la excursión sin sufrir mareos en absoluto, cosa que me alegró. El primer día la expedición nos llevó a lo largo del brazo noroeste del Canal de Beagle hasta alcanzar los fiordos del glaciar Garibaldi. Más tarde se produciría el desembarco en zodiacs sobre el glaciar Pía. Y después atravesaríamos la Avenida de los Glaciares, una joya de la Patagonia Sur de Chile. Los paisajes eran una maravilla.

Avenida de Los Glaciares, Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos

Los desembarcos eran opcionales. Quedaba a criterio del pasajero bajar o permanecer a bordo, al abrigo del frío, y salir de vez en cuando a tomar algunas lindas fotos del paisaje nevado. El crucero estaba casi siempre rodeado de hielo, el cielo se había vuelto plomizo, el entorno perfecto para llevarse un buen recuerdo de esos momentos totalmente fuera de lo común. La navegación panorámica fue admirable. El barco se acercó lentamente a la pared frontal del glaciar. Contentos, el grupo que había bajado volvió entusiasmado. La caminata fue complicada, pero había valido el esfuerzo. Era la hora de beber una taza de chocolate bien caliente para recuperarse.

Cabo de Hornos, Crucero Vía Australis

Al día siguiente amanecimos con las maniobras al acercarse el barco al cabo. La inclinación de la embarcación y la sensación que provocaba el viento huracanado eran algo inquietantes. Cuando el altavoz anunció que los buzos confirmaban la posibilidad de desembarcar, hubo un aplauso generalizado. La experiencia fue inolvidable. Siempre recordaré la silueta del faro y de los modestos y escasos edificios que ocupaban la familia chilena que custodiaba el Cabo de Hornos, una de las pocas fotos que pude tomar allí.

Puente de mando, Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos

El fin de cada jornada nos encontró cansados pero felices. Me llevo muchos recuerdos aparte de la gran experiencia. La camaradería. Los paisajes sublimes de los mares del sur. La visita guiada al puente de mando. La hora de la ducha bien caliente y reparadora. La de cada cena después de las excursiones, con la presencia del capitán, el personal y los compañeros de hazañas. Los platos incluían siempre frutos de mar y pescado tan fresco, postres deliciosos y excelentes vinos argentinos y chilenos. La cena de despedida en la que nos saludábamos casi como héroes.

Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos

Mi breve estadía a bordo del Crucero Vía Australis al Cabo de Hornos ha sido una de mis historias más lindas como huésped. La semana próxima les cuento la escapada al Hotel Sofitel Reserva Los Cardales.

P.S. Artículo no sponsorizado.