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Cupertino

Cupertino, Rosario, Argentina

«Cupertino tenía un lugar privilegiado en el pequeño patio de la casa, un espacio sombrío bajo el toldo descolorido, despojado tanto de plantas como de ilusiones. Su jaula de barrotes delgados era tan prolija que relucía como un diamante en ese ambiente austero. Ubicada al reparo del frío, podía advertir la llegada de su compañero al hogar a través de la persiana despintada. El canarito acompañaba con sus gorjeos indescifrables la vida solitaria del médico entrerriano.

Cupertino, Rosario, Argentina

El de ellos era uno de esos vínculos extraños que unían a seres de mundos diversos. Muy joven, el hombre había cruzado el río para instalarse a estudiar en la gran ciudad. Hoy se tenían el uno al otro y compartían el viejo departamento de pasillo de calle Iriondo, a mitad de camino entre la estación terminal de ómnibus y la facultad.

Cupertino, Rosario, Argentina

A menudo disfrutaba de vuelos rasantes a centímetros del cielorraso, explorando como un piloto el interior de la vivienda. Esa modesta dosis de libertad que se le permitía no era algo común para los cautivos dentro de su especie. Cupertino era, en el más amplio sentido de la palabra, lo que se conoce como rara avis. Agradecía con sus cantos alegres ser merecedor de esos momentos sublimes que su patrón le concedía. Así como el gran honor de ser mascota y camarada, todo en uno. No cualquier canario podía piar lo mismo.

Cupertino, Rosario, Argentina

Quieto, fingiendo con éxito una gran timidez, aguardaba el momento dorado cuando se le abría la puerta de su residencia. Primero se apoyaba tan sólo sobre una pata, en señal de bienestar. Después, representaba a la perfección el personaje de un presidiario. Caminaba a paso lento hacia la salida, sus alas pegadas al cuerpo delgado. En una maniobra casi teatral, recién las desplegaba con maestría cuando ganaba altura para sus viajes cortos a lo largo y ancho de la cocina, bajo la mirada divertida de su anfitrión.»

Extractos de «Cupertino» (2022)

N. de la A. La historia de este simpático canario puede ser la de cualquier otro pájaro, un lorito, un gorrión o una gaviota. Basta con que se animen a tejer un vínculo inquebrantable con un ser humano y que éste se decida a no defraudarlo jamás.