Historia de un samovar

Historia de un samovar

Historia de un samovar, Rosario, Argentina, Elisa N, Blog de Viajes, Lifestyle, Travel
Hasta el día en que lo vi no sabía de su existencia. Fue cuando heredé mi samovar. Enseguida me enamoré. Lo coloqué con cuidado en un aparador, para que pudiera ser admirado, ya que mi samovar es un objeto muy bello.
Me lo entregaron con mucho afecto. Intuyo que era algo muy valioso para esa persona tan especial que me lo entregó. Es realmente hermoso, y especial. Curioso su tamaño que remata en la teterita, allá arriba. Y luego están su chimenea y su hornito.
Brillante, hace alarde de sus sellos con orgullo. Exhibe su linaje. Lo adivino testigo de historias antiguas que van pasando las generaciones desde la época de los zares rusos. Hoy tal vez ha caído en desuso… hasta en su lejana tierra de origen. En pleno siglo XXI, no imagino a damas almidonadas reunidas a su alrededor.
Mi samovar vino desde recónditos lugares, de esos con inviernos eternos. Con hora para el té, ceremonia incluida. Lugares con tardes de té, melancólicas y sombrías. Horas especiales para el té, de hierbas, de miel y especias, que se mantienen tibios. Con carbones encendidos, pasando del rojo al dorado, y después al gris. Tiempos de heroínas de novelas de León Tolstoi, con rostros de porcelana, mirada perdida y cabellos ensortijados.
Heredé este curioso aparato, un emblema de aquella Rusia de los zares. Y no conozco casi nada de Rusia. Sí sé que Nicolás II fue el último de sus zares hasta su abdicación.
Tengo una hermosa pieza de colección. Heredé un hermoso samovar, que espero algún día me cuente su historia.

 

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