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Las cien torres de Praga

Una cosa llevó a la otra. No me pregunten por qué.

Sin embargo, hoy se me ocurrió recordar cuando estuve por primera vez en una de las cien torres de Praga, ciudad que se conoce popularmente como «Ciudad de las Cien Torres». Es un lugar soñado. Y se la puede conocer de muchas maneras.

Fui hasta mis archivos y encontré una colección de fotos de panorámicas preciosas, las que se disfrutan subiendo a una de las torres más célebres, la del Ayuntamiento, ubicada en el distrito de la ciudad antigua, Stare Mesto, en pleno corazón histórico de la ciudad. Es la Torre del Reloj Astronómico, un lugar ineludible de Praga.

Hay que hacer un esfuerzo y subir la escalera. También está el ascensor que te lleva hasta el tercer nivel. Desde ahí, todos deben continuar la marcha por otra escalera en forma de caracol dentro de una suerte de torre cilíndrica, oscura, misteriosa, y que es, en verdad, medieval.

Yo elegí subir usando la escalera, pasando delante de pequeñas ventanas, que alternaban la vista hacia el entorno panorámico y con los mecanismos del antiguo reloj. Es encantador entrar en el mundo que habita el famoso reloj astronómico y donde late su leyenda, que les contaré en otro artículo.

Una vez en lo alto nos recibieron simpáticos personajes vestidos con trajes de época y que oficiaban de anfitriones. La atmósfera no  podía estar mejor recreada. Allí te invitan a salir a la parte exterior donde descubrir, de pronto, una vista extraordinaria. Sin embargo aconsejo prestar atención al vértigo. Aún con la barandilla delante es imposible no notar que se está a una altura considerable.

El panorama es de una gran belleza.

La mirada pasa por los edificios más hermosos de la antigua ciudad. Se aprecian mejor las formas de las casas, los colores de los techos y las paredes. Observé el ambiente efervescente de la plaza principal colmada de turistas y de curiosos que esperaban la ceremonia del reloj a la hora precisa: cada hora del día. Cuando cae la noche, el ritual se detiene.

Fue un verdadero placer admirar los cien campanarios de Praga bajo el sol, en un día muy frío de octubre. Es un recuerdo imborrable.

A esa altura se observaban perfectamente los detalles de la Torre de la Pólvora y también del mercado, la plaza, la Casa municipal, y hasta del techo del imponente Teatro Nacional. Brillaban los tejados, serpenteaban las calles, las veredas y los callejones encantadores. En la plaza, la gente se movía como pequeñas hormigas. Parecían estar tan lejanos.

Animarse a subir y visitar la Torre del Reloj es la manera de guardar uno de los mejores recuerdos de las torres de Praga. Imperdible.