Lugares imperdibles en Reikiavik

Lugares imperdibles en Reikiavik

Reikiavik, Islandia, desde la ventanilla del aviónReikiavik, Islandia

Llegué a Reikiavik después de cumplir un sueño: pasar un mes estudiando inglés en Oxford. De allí me dirigí a Islandia buscando conocer las famosas auroras boreales. La experiencia iba a ser completa: académica y extraordinaria. Recuerdo que, cuando el avión estaba bajando, miré por la ventanilla. Aparecía lentamente una isla gigante cubierta de hielo. Era febrero, todavía invierno, pero me dije que eso era cualquier otra cosa. Pero no, estaba llegando a la tierra del hielo y del fuego.

En el centro de Reikiavik, IslandiaArte callejero, en el centro de Reikiavik, IslandiaEn el centro de Reikiavik, IslandiaArte callejero, en el centro de Reikiavik, Islandia

El trayecto desde el aeropuerto hasta Reikiavik fue un descubrimiento. De a poco se revelaba un territorio excepcional tapado por la nieve. Realmente Islandia es un país fuera de lo común. Llegué a la capital y me encontré con una ciudad muy activa a pesar del frío, moderna y agradable. Sabía que la tercera parte de los habitantes del país viven aquí. Avanzaba hacia el hotel mientras veía gente abrigada, automóviles apurados de aquí para allá, calles concurridas y luces de colores que se encendían de a poco, como decorando el entorno para una fiesta. Ya me encantaba.

Reikiavik, IslandiaCentro Cultural Harpa, Reikiavik, IslandiaCentro Cultural Harpa, Reikiavik, Islandia

Antes de llegar al hotel, hicimos un corto city-tour por la capital más septentrional del planeta. Reikiavik o Reykjavík, la «ciudad humeante» en islandés, es una ciudad pequeña, moderna y cosmopolita, cuyas calles pulcras están habitadas por edificios no muy altos pero coloridos y pintorescos. Me recuerda, de alguna manera, a la fisonomía de Ushuaia. Los edificios más modernos son impactantes. Uno de ellos es el Harpa, un auditorio y centro cultural ubicado frente al mar, al lado del puerto. Se destaca por su fachada de paredes entramadas hechas de paños de cristal curvo. Volví al día siguiente. En el interior, el efecto de la luz que atraviesa los hexágonos de cristal es excepcional. El edificio en sí mismo es extraordinario.

La ciudad es además de bonita, muy abarcable. Es perfectamente posible recorrerla a pie. Así lo hice, bien abrigada y prestando atención a donde pisaba, ya que el hielo es bastante peligroso. Las formas caprichosas de la nieve y del hielo son sorprendentes.

Muro vegetal de musgo, Raðhúsið, Reykjavik City HallLago Tjörnin, ReikiavikLago Tjörnin, Reikiavik

Llegué a otro lugar que me encantó: el distrito antiguo. Primero visité el ayuntamiento, el Raðhúsið, también conocido como Reykjavik City Hall, inaugurado en 1992. Es un edificio moderno ubicado a orillas del lago Tjörnin, que estaba congelado. Me sorprendió verlo recubierto por un muro vegetal de musgo helado que adornaba la entrada. Caminé alrededor porque me atrajo el sonido de los cisnes, patos y muchas otras aves migratorias que nadaban en una de las esquinas en donde el hielo se había roto. Estaban dando todo un espectáculo al atardecer.

Stjornarradid, oficina del primer ministro y sede del Gobierno de IslandiaIglesia neogótica Fríkirkjan í Reykjavík

Más allá se levanta la sede del Parlamento islandés, el Alþingihús, en una antigua casa hecha de roca volcánica, muy simple para ser una Casa del Gobierno. Luego está Stjornarradid, la oficina del primer ministro y sede del Gobierno de Islandia. Y del otro lado del lago está la iglesia neogótica Fríkirkjan í Reykjavík, hecha de madera pintada de blanco con tejas verdes. Todo el conjunto resultaba muy bonito.

Hallgrímskirkja de Guðjón Samúelsson, ReikiavikEstatua de Leifur Ericsson, descubridor de Vinland, ReikiavikÓrgano de la Hallgrímskirkja, ReikiavikÓrgano de la Hallgrímskirkja, Reikiavik

El monumento de Reikiavik es la Hallgrímskirkja, la enorme iglesia luterana con torre observatorio, el edificio más alto del país. Imponente, tanto de día como de noche, está construida en hormigón blanco. Tiene el aspecto de las columnas de basalto del país, que inspiraron a su creador, Guðjón Samúelsson. Su silueta impactante es visible desde casi cualquier lugar de la ciudad y más lejos aún. Adentro encontré un recinto austero, excepto en lo que hace al órgano, que es gigante. Me quedé un buen rato al abrigo, escuchando la música. Ya era de noche cuando salí. La vi iluminada desde la plaza de enfrente en donde se levanta la estatua de Leifur Ericsson, descubridor de Vinland.

Paseo costero de Reikiavik, HarpaPaseo costero de ReikiavikPuerto, Reikiavik Art MuseumViajero del Sol, Reikiavik, Islandia

A pesar del frío, cuando dejé atrás el Harpa, caminé por el paseo marítimo, con el viento helado en contra, hacia otra de los lugares emblemáticos de la ciudad. Pasé delante del Art Museum. Y luego soporté el frío lacerante hasta llegar a Sun Voyager o “El Viajero del Sol” la escultura de acero que representa la estructura de un navío vikingo que parece encallado. Reconozco que también parece el esqueleto de una ballena. De una manera o de otra es una obra singular del artista Jón Gunnar que se beneficiaba con el marco del océano y de las montañas nevadas.

Saegreifinn, The Sea Baron, ReikiavikSopa de Langosta, The Sea Baron, ReikiavikThe Sea Baron, ReikiavikThe Sea Baron, Reikiavik

Sabía que la ciudad tiene un ambiente nocturno único en sus calles llenas de pequeños restaurants y cafés. Pero a la hora del almuerzo, les recomiendo hacer una escapada hacia la zona del puerto. Sobre la calle Geirsgata está un pequeño café tradicional, que se precia de tener la mejor sopa de langosta. Es Saegreifinn, The Sea Baron. Recomiendo también los brochettes de pescado y el café caliente, una bendición ni bien entramos, congelados por el frío glacial de Reikiavik en pleno invierno. El lugar es muy agradable y pintoresco. Parece y debe haber sido, un café para pescadores. Los platos son caros, como todo en Islandia, pero muy sabrosos.

Arte callejero al lado del lago Tjörnin, ReikiavikArte callejero en Reikiavik Arte callejero en ReikiavikReikiavik, capital de Islandia en inviernoReikiavik, capital de Islandia en invierno

 

En este lugar exótico y excepcional, descubrí que el frío polar no es tan mala idea. Sólo hay que abrigarse con ropa adecuada y como una cebolla, y prestar mucha atención al hielo al caminar. Los resbalones son frecuentes, y el peligro de recibir el golpe de una aguja de hielo desde algún alero es una realidad cotidiana.

Reikiavik, capital de Islandia en invierno Reikiavik, capital de Islandia en invierno

Reikiavik fue la mejor bienvenida a esta tierra inolvidable, hecha de paisajes salvajes, gente seria pero muy agradable, y hasta arte callejero a la vuelta de cada esquina.

Reikiavik, IslandiaLago Tjörnin en Reikiavik

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