La Mamounia en Marrakech, un rincón de paraíso

La Mamounia en Marrakech, un rincón de paraíso

La primera vez que escuché hablar de la Mamounia en Marrakech fue desde una canción. Paul McCartney usaba el nombre de “un refugio, o paraíso seguro”, cuando cantaba “mamunia oh oh” en uno de los temas de “Band on the Run”. Paul se inspiró allá por 1973 durante una estadía en el impactante hotel de Marruecos.

La Mamounia en Marrakech es uno de esos lugares que considero emblemáticos de la antigua ciudad, tanto como la Plaza Jemaa El-Fna y el zoco. Se trata de un hotel excepcional que parece salido de los relatos de las Mil y Una Noches. Visitarlo es libre y gratuito. Sin embargo, la gente no lo sabe y se priva de tomar un trago en la terraza de su café o de pasear por sus jardines de ensueño.

Aconsejo organizar la visita y tener en cuenta el horario durante el cual se admite el ingreso. Me pasó de llegar tarde pero tuve la suerte de poder entrar porque hablaba francés. Así fue que pude explicar que era mi única oportunidad de conocer ese lugar fascinante. Y logré que, amablemente, hicieran una excepción.

El lujoso hotel es alucinante. Llama la atención que sus rincones delicados permanezcan silenciosos y enmarcados por la naturaleza. Originalmente fue el regalo de un rey a uno de sus hijos en ocasión de su boda. El arsat (jardín) al-Mamoun fue el que se transformó en un hotel exótico en la época del protectorado de Francia. La arquitectura extraordinaria es obra de los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio que, a principios del siglo pasado, convirtieron el lugar en un rincón del paraíso dentro de la ciudad. La Mamounia en Marrakech apasionó a los europeos.

Tuve el placer de pasear por las estancias que admitían a los visitantes dentro de este oasis en tierra africana. El delicado estilo arábigo-morisco es el que reina en cada uno de los rincones del hotel. Las columnas, los arcos y los pisos relucientes se adueñan del estilo marroquí más exquisito. Los patios son maravillosos. Pero el jardín, desde el cual es perfectamente visible la torre de la Koutoubia, me fascinó.

En la Mamounia todo es delicadeza. Los colores, las formas, la vegetación, hasta la iluminación, todo llaman la atención, simplemente, por su belleza. Y en cada rincón se percibe un aroma sutil, hecho de la mezcla de azares, naranjas y dátiles. Es de esos perfumes evocadores. El que nos hará recordar esa visita para siempre.

Dejé atrás el restaurant y encontré un lugar en una de las mesas de la terraza, desde la cual podía apreciar cada detalle del jardín soñado. El marco para una cerveza no podía ser mejor. Desde adentro sonaba la música de una orquesta que se mezclaba con el rumor del agua de las fuentes y las conversaciones tranquilas en distintos idiomas. Momento de relax asegurado. Después vendría la caminata por los senderos de ese parque asombroso, para detenerme a inspeccionar los árboles, cactus y plantas siempre originales. Me emocionó pensar que personajes como Matisse, Churhill, la Piaf o Hitchcock, habían recorrido estos jardines que, ahora, visitaba esta humilde bloguera.

En fin, el hotel Mamounia en Marrakech es una verdadera obra maestra, un lugar ideal para quienes pueden acceder a alojarse en sus estancias y disfrutar del spa dominado por el hammam, un ritual que se incorpora a lo cotidiano de la vida árabe. Es un palacio legendario que, renovado, ha llegado a ser símbolo de elegancia y refinamiento.

Anoten por si acaso: Hotel La Mamounia, sobre la Avenida Bab Jdid en la lejana Marrakech.

Mamounia, Marrakech

Cómo llegar?

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