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Nos vemos en Alemania, nos encontramos en Monreal

 Monreal, Alemania, Germany
 Monreal, Alemania, Germany

Nos encontramos en Monreal. Una invitación que refiere a un tiempo pasado, no tan lejano, que se fue escurriendo entre mis dedos. Acepté. El lugar elegido para la cita era un pequeño pueblo encantador sobre el Valle de Elz, nada menos que en Alemania. Un rincón tan remoto, no sólo porque se encuentra cruzando el océano, sino porque hoy se asemeja a otra galaxia. Las casitas tradicionales tan prolijas y la atmósfera reposada serían el escenario irreal de una mañana de otoño. Un encuentro posible en un lugar que se ha vuelto imposible.

 Monreal, Alemania, Germany
Esos viajes eran mis preferidos. Trazar en primer término una ruta que me condujera de un pueblo al otro para,  después, dejarme llevar más allá por mi instinto. Esa vez la tarea era simple. Atrás habían quedado Cochem y Beilstein. Sabía que estaba en el camino de los poblados más bonitos de Alemania. Cada cual con su personalidad y geografía, pero siempre bellos y agradables.
 Monreal, Alemania, Germany
La reunión en Monreal fue la excusa para detenerme un poco más. El entorno lo merecía y, además, presentía que no iba a volver por mucho tiempo. Ya había visitado esas otras aldeas medievales, pero esta se veía excepcional. Muy poco concurrida, podía recorrerse sin prisa. Llegué a preguntarme si otros viajeros sabrían de su existencia.
 Monreal, Alemania, Germany
Un arroyo estrecho, el Elzbach, corría desordenado y atravesaba Monreal. Las ventanas de las casitas de entramado se asomaban sobre el agua y aprovechaban esa frescura. Aficionada a las historias, imaginé que cada mañana un vecino de esta margen aparecía y le deseaba un buen día al de la otra, la taza de café humeante en la mano. Observé que algunas casas tenían más de dos niveles. Quizás el mismo gesto se repetía en cada una de las arcadas como en un coro familiar y afable. Decreté que las buenas maneras eran habituales por estas latitudes.
Puente de piedra, Monreal, Alemania, Germany
Amo las buhardillas y se me ocurrió que ocuparía con gusto una por el placer de decorarla a mi antojo. Acomodaría un sillón confortable frente al ventanuco. Examinar el paisaje bucólico ocuparía un buen tiempo de mis tardes pacíficas. Cuánta falta me hacen en estos días tormentosos. Aplaudí la idea de encontrarnos en Monreal donde el tiempo parecía haberse detenido donde todo estaba bien.
Decoración callejera, Monreal, Alemania, Germany
Decoración callejera, Monreal, Alemania, Germany
Algunos bancos me invitaban al descanso. No tuve la audacia de ocupar un lugar al sol, a pesar de que un par de pequeños aldeanos de madera me sugerían hacerlo. Me pareció un atrevimiento.
Monreal, Alemania, Germany
Mientras caminaba emocionada, practicaba mi deporte favorito: inspeccionar aquello que embellece la fachada de las viviendas. En este lugar cada portal contaba una anécdota. Vi leña cortada y ordenada. También macetas que estallaban de flores delicadas. Otras tenían ramas despojadas de hojas que encontraban como reemplazo huevitos decorados. De las puertas antiguas colgaban coquetos maceteros de madera, carteles de bienvenida, coronas de hojas y flores secas, y casitas para pájaros. Listo: narraban la historia de vidas apacibles como pocas.
Monreal, Alemania, Germany
Monreal, Alemania, Germany
Nos encontraríamos en Monreal, precisamente en medio de esa villa anclada en la Edad Media. El lugar de la cita programada podría incluir la descripción de una de esas puertas. Sin embargo, lo pensé mejor y elegí alguno de los puentes de piedra, en el centro histórico. ¿Cuál de ellos? ¿Aquel que está en el extremo del ayuntamiento? No, mejor el que tiene la estatua insólita del que, creo, es un obispo.
Monreal, Alemania, Germany
La espera podía ser matizada con algunas panorámicas excepcionales. Una de ellas termina en lo más alto de una colina donde se elevan los vestigios de un castillo, rústico pero respetable. Me parece increíble que un lugar tan pequeño tuviera necesidad de ser protegido por una fortaleza. Indagaría en su historia que tal vez me hablara de una ciudad próspera y codiciada en la antigüedad. El botín de guerra de algún monarca? Puede ser.
Monreal, Alemania, Germany
Nos encontramos en Monreal. Era absurdo un desencuentro en un pueblo tan pequeño. Ese día éramos los únicos extranjeros por allí. Caminamos disfrutando de cada rincón. El aire puro se llenaba con el perfume de las flores silvestres. A veces una neblina suave desdibujaba el contorno de las colinas circundantes. Luego el follaje exuberante vencía la batalla y se convertía en el marco perfecto de ese puñado de casas fascinantes. Deambulamos por los senderos adoquinados.
Puente de piedra, Monreal, Alemania, Germany
Pinito, Monreal, Alemania, Germany
¿Perdidos? No, no era para tanto. No hizo falta elevar la voz porque el sonido del agua que corría era una música sutil. Nos instalamos en la terraza de un barcito. Después, en los bancos de la plaza mínima, esa donde reina el pinito tradicional, ubicado en la cúspide de su tronco pelado. Hubo palabras susurradas, sonrisas y alguna que otra lágrima, también de risas.
Monreal, Alemania, Germany
Al fin, lo nuestro se dio. Nos encontramos en Monreal. En la actualidad, parece algo increíble, remoto, ficticio. Si pudiera, volvería allí una docena de veces.
Para encontrarnos. No lo dudaría ni un segundo.
Monreal, Alemania, Germany

 

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