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Quiero un otoño en alguno de los jardines de París

Jardines de París: Jardins du Luxembourg, LUCO

Decidí que quiero pasar un otoño en alguno de los jardines de París. Como si fuera un decreto-de-necesidad-y-urgencia auténtico, preciso tele transportarme a aquella ciudad. Mi DNU tiene mucha importancia porque nace de un apremio verdadero. Acaba de comenzar el otoño en el hemisferio sur. Este año, la estación se instaló de golpe. En otras tantas ocasiones, la ceremonia se producía como en cámara lenta. El calor seguía apretando como si nada ocurriese alrededor. Las hojas seguían aferradas a los árboles sin el más mínimo trazo dorado. Los niños comenzaban las clases cuando todavía no soportaban vestir sus uniformes. Las conversaciones incluían comentarios sobre la sensación térmica y cosas por el estilo. Esta vez no. Arrecia la maldita pandemia y, además, el «señor otoño» llegó para quedarse.

Jardines de París: Jardins du Luxembourg, LUCO

Necesito un otoño con árboles desnudos y prolijamente cortados. La forma geométrica de esos que separan los senderos de los Jardines de Luxemburgo me inspiraban confianza. Me hablaban de un mundo irreal pero ordenado. Las ramas eran previsibles y no me iban a sorprender con danzas bajo vientos huracanados. Mi vida anda necesitando equilibrio y armonía. Medito a diario para encontrar mi eje. Practico un abrazo cotidiano a los árboles de mi parque favorito. Sin embargo, todo lo que me rodea es demasiado cierto, innegable. Por eso creo que quiero un otoño que parezca invierno en alguno de esos jardines soñados de París. Allá no caminaba preocupada por la distancia con otros seres humanos. Podía ver sus sonrisas amables cuando preguntaba en qué dirección estaban el Panthéon o la iglesia de Saint-Sulpice.

Jardines de París: Jardines de Luxemburgo

Patos en los Jardines de París

Cierro los ojos y me veo instalada en uno de aquellos asientos metálicos, inclinados y pintados de verde. Ocupaban el paisaje más tradicional de los jardines públicos parisinos. En esa escena de mi «otra yo» estoy relajada, mirando desde una discreta distancia el grand bassin, la fontaine y los patos. La famosa flotilla de botes se guardaba hasta la primavera, a la espera de nuevas aventuras. Podía permanecer horas simplemente mirando la gente pasar, jugando distraída con la puntera de mis zapas con esas piedras blancas desmenuzadas que tapizan cada una de las sendas. Me invadía una deliciosa sensación de calma, la mente en blanco, libre de ansiedad, ese sentimiento que me acompaña casi a diario. Los momentos son eso: instantes. Llegan, transcurren y se van en segundos. Es muy bueno saberlo.

Palais du Luxembourg, París

Confieso que busco un otoño distinto. Nada que se asemeje al que transcurrió durante el 2020. Estoy averiguando dónde se encuentra. Fruto de mi imaginación aparecen cantidad de imágenes. Se dibujan siluetas bailando un tango a orillas de la Seine a la salida del Jardin de Plantes. Avanzo por las Tuileries, bien abrigada, rumbo al Musée de l´Orangerie. También se presenta un palacio que desborda de simetría bajo un cielo plomizo. No sé por qué, pero el equilibrio de sus formas me serena.

Jardines de Luxemburgo, París

Jardines de París en sepia: Jardines de Luxemburgo, París

De pronto me doy cuenta que una gaviota me observa muy seria antes de levantar vuelo. Evidentemente, no le interesan mis cavilaciones. Mi paisaje de ensueño se viste poco a poco de un color sepia. Atravieso el parque rumbo a la rue Auguste Comte. La tarde se vuelve más fría. Me encanta respirar esa atmósfera fresca y me invade una cierta felicidad. Reconozco que es un espejismo, pero me niego a abrir los ojos.

Jardines de París: Jardines de Luxemburgo, París

Quiero inaugurar el otoño en alguno de los maravillosos jardines de París. Eludir una realidad que no puedo controlar. Evitar el enojo que me producen las mentiras. Sortear las limitaciones a las que me somete la vida en medio de esta crisis. Intento reinventar una de las estaciones del año que más me gustan. El otoño puede ocurrir en Argentina o en cualquier otro lugar del mundo. Admito que, a pesar de todo y de todos, encontré un propósito y lo voy a llevar a cabo. Aquí, suponiendo que estoy allá. Porque es un lugar más bonito y porque también me pertenece un poco.

Tengo un gran proyecto. Tal vez, en otro capítulo, se los cuente.

 

Cómo llegar a los Jardines de Luxemburgo:

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ana

    Que hermoso y alucinante Ely.!! Me hiciste viajar 39 años con la memoria y la imaginación hasta la primareva de 1982 como estudiante en Paris. Y mi olfato aún siente los perfumes, las fragancias que probé en La Rue Faubourg Saint-Honoré. Una galería del perfume. ya no tenía lugar en los brazos para probar. Jaa Jaa y caminar envuelta en los aromas «sagrados» por esos espaciosos e idílicos lugares. Se va a REPETIR. Así será.

  2. Elisa Nievas

    Qué hermosos sentimientos que dispara esta lectura Ana! Gracias por los comentarios, cariños

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