Puesta del sol en la Rambla Williman

Puesta del sol en la Rambla Williman

Puesta del sol en Punta del Este
Puesta del sol en Punta del Este
Rambla Williman, Punta del Este
Rambla Williman, Punta del Este
Rambla Williman, Punta del Este

Hoy se me ocurrió compartir una serie que describe la puesta del sol desde la Rambla Williman, en Punta del Este. Donde sobran las palabras, las imágenes describen lo maravilloso de este paisaje, el que protagoniza una de las mejores horas de cada uno de nuestros días.

Pero las palabras son siempre importantes. Por eso elijo recurrir a aquéllos que las usan de la mejor manera para transmitir emociones, belleza. En fin, los que saben hablar de las cosas importantes. Y la puesta del sol es una de ellas.

Aquí vienen algunos autores que describen mejor que nadie la maravilla de este panorama sublime, que se parecen mucho a obras maestras de la naturaleza y que, no por cotidiano, debemos dejar de apreciar como corresponde.

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
Jorge Luis Borges

Vemos la luz del atardecer anaranjada y violeta porque llega demasiado cansada de luchar contra el espacio y el tiempo.
Albert Einstein

Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Pablo Neruda

Agárrame la mano al atardecer, cuando la luz del día se apaga y la oscuridad hace deslizar su constelado de estrellas…
Mantenla apretada cuando no pueda vivir este mundo imperfecto…
Coge mi mano… Llévame donde el tiempo no existe…
Hermann Hesse

Y termino con uno de mis favoritos:

-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadías:
-Sabes… Cuando uno se encuentra tan triste, gustan las puestas de sol…
-¿Tan triste estabas el día de las cuarenta y tres veces?
Pero el Principito no respondió.
Antoine de Saint-Exupéry

 

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