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Algo pendiente en Sélestat

Calles de Sélestat, Alsacia

Placas callejeras de Sélestat

Todavía no comprendo mi fascinación por Sélestat. No me refiero a su belleza, sino a que el recuerdo ha vuelto cuando menos lo esperaba. No fue mi último viaje antes del lockdown, pero parece como que algo importante hubiera quedado inconcluso en esas calles. No he llegado a caminarlas en sueños, sino despierta, muy consciente de ello. Vuelvo a andar siguiendo las placas con huellas de perritos en los mosaicos. Me llevan a recorrer con curiosidad esa pequeña ciudad mitad alsaciana, mitad alemana. Una que no suele incluirse en las guías de la región.

Sélestat está habitada por las tradiciones. Las de las pintorescas casas de entramado, las plazas soleadas y la gente, amable, y de pocas palabras. El primer paisaje que encuentro cuando avanzo hacia el mercado, es el de la mairie a un lado y el de la brasserie Le Central al otro. Ya no me sorprenden esos edificios bajos, un par de plantas por encima del rez-de-chaussée, no más. Me habitué a sentir que era una paisana más en los alrededores de la Élcole Sainte Foy.  Que tal vez lo he sido en otra vida. Si no fue así, por qué todo ese estilo de vida sencillo y apacible me resulta tan atractivo?

Hacía base en la Alsacia en Saint-Hippolyte. Iba y venía a diario a pasear y hacer compras. Durante esos días amé constatar que la gente de Sélestat se provee de absolutamente todo lo que necesita en el mercado callejero. Hay algo más simple y efectivo que eso? Salen temprano y, en un breve recorrido, se dan cita en el lugar donde encuentran lo que necesitan. De pie frente a una larga tabla, un joven ofrecía lo que suele haber en un bazar. Allá, si se precisa ropa, nuevo calzado, vajilla, un bolso, ropa interior o de cama, sólo basta con doblar en la esquina y revisar los estantes dispuestos al sol. Hasta quien necesita una casita para pájaros, también la tiene.

Las compras parecen ser la excusa perfecta para encontrarse con los vecinos. Suceden un saludo, un comentario breve o una conversación que termina en el petit café. El tiempo en Sélestat parece detenerse en cada gesto, en cada pequeño hábito cotidiano. Una fila de bancos dispuesta en el centro de la plaza, invita al descanso sin estar verdaderamente cansados. Es el pretexto para instalarse a leer un libro, vigilar las carreras de los niños propios o ajenos, o conversar con viejos amigos. En ese estilo de vida reposado, todo se puede dar.

En Sélestat no resulta extraño encontrar a un vecino que llega a la plaza acompañado por un burrito. Se detiene para intercambiar algunas palabras con alguien y sigue su camino, quien sabe a dónde. Tampoco causa sorpresa que una bandada de palomas levante vuelo al escuchar el sonido de las campanas. Por mi parte, me demoraba siempre un poco más eligiendo entre los colores de un foulard o un trench nuevo. Alguna prenda para llevarme a casa y que me recordara ese lugar cada vez que la sacara de mi placard.

Verduras del mercado de Sélestat, Alsacia, Francia

Mercado de Sélestat, Alsacia, Francia

Quesos, Mercado de Sélestat, Alsacia, Francia

Olivas, Mercado de Sélestat, Alsacia, Francia

Especias y curries, Mercado de Sélestat

A menudo se me ocurre que sería una gran cocinera si pudiese recurrir a un mercado como el de esta ciudad. Las verduras con el sello “de Sélestat”, las más frescas y coloridas, crearían mis mejores ensaladas. La previa de un asado en el quincho tendría los salames aromatizados con hierbas, comté o mumster. También presentaría una selección de quesos de la región alsaciana, variedad de dips y olivas multicolores, dignas de la célebre “dieta mediterránea”. Un risotto no sería el mismo sin esta multiplicidad de curries.

Puerta de Sélestat, Alsacia

Detalles insólitos en calles de Sélestat, Alsacia

Murales y puertas en Alsacia

Casas de entramado en Alsacia

Accedes a esta ciudad encantadora de la Alsacia atravesando una puerta colosal, coronada por una cúpula y su reloj. Caminas sus calles sin abstenerte de tomar fotografías de lo insólito, en detalles de la decoración o de la arquitectura. El camino empedrado sin desniveles, los muros prolijos, los murales intactos, las antiguas casas impecables, hablan del esmero por mantener la comarca sin que se note el paso del tiempo. Tiempo que son años, décadas, siglos.

Mercado de Sélestat, Alsacia

Plaza de Sélestat

Termino este texto comprendiendo perfectamente mi fascinación por Sélestat. Es un lugar con un estilo de vida que atrapa y que todos desearíamos tener. Tan cerca de las famosas Colmar y Estrasburgo, brilla por su sencillez y autenticidad. Algo importante quedó, efectivamente, pendiente. Es la certeza – quien la tiene – de que alguna vez voy a poder volver.

Plaza de Sélestat

Cómo llegar:

 

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